Cuento con ellos

10.10.10

EL QUINTO MANDAMIENTO




— Todos vamos a morir... — dijo Tomás Burman en una exhalación. 
Y se desplomó en la puerta de entrada.


Los viernes por la noche eran horas esperadas por los que formábamos el club; aunque aquella forma de llamar a a nuestro rejunte nos sonara peyorativa.
Los encuentros habían comenzado, un tiempo atrás, en mi propia casa. Aunque en qué momento aquello dejó de ser una aparente tertulia social no lo recuerdo exactamente...
O, tal vez, no convenga recordarlo...

Cuando Burman se desmayó todos fueron a socorrerlo excepto yo. Sus palabras me habían inquietado lo suficiente como para que el temor fuera más fuerte que mi preocupación por él. 

No nos unía una amistad íntima, más bien todo lo contrario. Su ingreso fue por recomendación de Max, otro de los integrantes y mi mejor amigo. Y si acepté fue por él y porque no tuve razones suficientes ni valederas para oponerme.
De cualquier modo, a medida que fui conociéndolo, me pareció un hombre lúcido y coherente. Y por sobre todo, audaz. 
Por eso, su comportamiento de aquella noche, me afectó notablemente. 


Al verlo volver en sí, me acerqué al sillón donde lo habían tendido y le extendí una copa de cognac. 


— ¿Está bien?...¿Se siente mejor?...— Le pregunté cuando aceptó la bebida.


Se la tomó de un trago y me miró febril.


— No...Nada está bien... — Contestó desolado. 


El murmullo creció. Ignorándolos, me concentré en el rostro de Burman. Una sombra opaca y real parecía velarle los rasgos. Eso me inquietó aún más.


— ¿Podría ser más explicito Tomás?... — Cuestioné.— La verdad es que su entrada ha sido por lo menos...dramática, diría... Y sus palabras no hacen más que atemorizar... ¿Qué es lo que pasa exactamente?
 

Todos asumieron mi liderazgo con naturalidad y nos miraron expectantes.


— Escúcheme Germán...— Comenzó.


Creí entrever que mientras el hombre intentaba encontrar las palabras exactas para explicarnos, la oscuridad se acentuaba.
— Viene a buscarnos...— Dijo finalmente. 


El cuchicheo se pronunció y agité la mano para se callaran. No me sorprendí cuando lo conseguí sin esfuerzo. 


— ¿Quién viene a buscarnos? — Pregunté cauteloso. 


Me miró con sorprendido desprecio.


— ¡¿Me toma por idiota?!...— Reaccionó. — ¿Cómo quién?... ¡Usted, y todos, sabemos de Quién estoy hablando!
— No se agite. Cambiaré la pregunta entonces...¿Por qué cree que vendrá a buscarnos?...


El desprecio había dado lugar a aquella lobreguez creciente.


— Sigue creyéndome estúpido... — Dijo en voz apenas audible. 
— A ver... — Concedí.— Cuéntenos simplemente...
No estoy seguro de por dónde empezar... 
— ¡Por el comienzo hombre! — Protesté. 
— Tal vez debiéramos darle a unos momentos Germán...— Era Max el que hablaba.— Esto es inusual y no creo que pueda explicar mucho por ahora...


Todos sabíamos, o intuíamos, que tarde o temprano algo ocurriría. 
Aquello nos había resultado fascinante pero nos estábamos demorando en la última condición. Habíamos acordado en cómo empezar el juego, pero no estábamos muy convencidos de cómo lo íbamos a terminar.
Pero a pesar de eso, la intempestiva y melodramática entrada de Burman igual nos había tomado por sorpresa.

— ¡Fue él quien vino con esta tontería! — Me impacienté — ¿Qué tenemos que esperar?...
— OK... — Susurró Tomás finalmente, e inició su relato—  ...Comenzó cuando me preparaba para venir hacía aquí. Primero... fue una extraña distorsión en el espejo de mi cuarto...  


Algo agazapado sobrevoló la habitación y nos envolvió.

— Nunca había estado allí y fue haciéndose cada vez más evidente. Al principio pensé que se trataba de mis ojos engañándome ante el creciente crepúsculo, pero después comprendí que no era una ilusión. Una aberración acuosa y turbia se estaba formando en uno de los laterales del cristal y se propagaba hacia el centro. Y decidí acercarme para verla mejor...— Musitó quebrándose.

Uno tras otro comprobamos que las sombras que lo cubrían no eran alucinaciones.

— ¡Fue ahí cuando los vi en su verdadera dimensión!...— Exclamó de pronto. — E inmersos en la turbiedad desde donde me desafiaban...

Todos se revolvieron en sus asientos y volví a exigir silencio.

— De pronto, escuché un siseo. — Prosiguió con esfuerzo. —Un sonido que recorrió la habitación y me perforó los oídos a pesar de su baja intensidad.  Y luego de unos segundos, grotescas criaturas reptaron desde el espejo hacia la pared y el sonido se convirtió en palabras...¨ Nos han defraudado ¨... — Repitió como en trance 


La última frase fue suficiente para que la frágil prudencia que parecía prevalecer se desmoronara. Una corriente aniquiló el juicio y me obligó a recurrir a la escasa sensatez que me quedaba.

— ¡Señores por favor! — Grité para calmar los ánimos, y Burman concluyó con su relato.

— No podía moverme...Sólo lo logré cuando lo percibí a Él...Oculto tras sus secuaces...Y entonces corrí. Corrí desesperado...Necesitaba llegar aquí cuanto antes...Necesitaba avisarles...

— ¡Viene por nosotros...!— Estalló Max iniciando una sarta de desatinadas exclamaciones.

Fue entonces que comprendí que mi preocupación inicial no era infundada. Debíamos actuar y aquellos hombres no estaban en condiciones de decidir. Sólo quedaba una posibilidad y no pensaba dejarla pasar.

— ¡No necesariamente! — Dije con firmeza y consiguiendo que me escucharan una vez más.

Cerraron la boca y me miraron sin entender. Sabía que necesitaban una explicación, pero no había tiempo. Las espantosas sombras que exudaba Burman eran evidentes y si no lo hacíamos pronto ya no podríamos revertir nada. 
Decidido, saqué la llave de mi bolsillo y me dirigí al cofre que descansaba sobre el escritorio desde que hicimos el pacto. Habíamos logrado cumplir con todas las condiciones, excepto una. Y sólo nos quedaba concluir el juego.
Me sorprendió mi determinación. La necesidad de cumplir lo prometido. Porque no era el miedo lo que me motivaba. No. Era el deseo. Un deseo que me hostigaba y me deleitaba.
Así que abrí el cofre y saqué los siete estiletes, aunque uno ya no hiciera falta. Los apoye sobre la mesa y miré a cada uno de los presentes. Excepto a Burman, claro.

— Tenemos una salida y yo no pienso desaprovecharla...

Me miraron incrédulos. Habían entendido perfectamente mis intenciones y no parecían estar demasiado dispuestos a seguirme.

— Pero Germán...— intentó protestar Max

— ¿Qué?...— imprequé — No queda demasiado y él ya esta perdido. No está a la altura de las circunstancias. — Dije señalando al infeliz que sollozaba en el diván. — Yo no pienso seguir sus pasos. No soy un pusilánime. Cuando me embarqué en esto sabía que una de las condiciones que prometimos transgredir a cambio de nuestra relajada vida, nos costaría más que las demás. Pero también comprendí que no sería imposible para mi. Les estoy ofreciendo la oportunidad que buscan desde hace tiempo ¡Si ustedes no pueden entenderlo, yo si!...

Se miraron unos a otros y no hizo falta más para que se acercaron a la mesa y me siguieran hasta el sillón. Cuando sentí la empuñadura, cualquier vestigio de duda quedó derrotada.


— Todos NO vamos a morir, Tomás...TODOS NO... — Susurré con fascinación cuando nos dirigíamos hacia él.


Con las seis puñaladas, una definitiva y acogedora oscuridad se apoderó de nosotros...





10 comentarios:

  1. Buen texto. Bien narrado.

    una historia aterradora.

    Un abrazo.

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  2. Si de por sí, calificarte es difícil... aún más lo és como escritora.
    Ya sabés lo que pienso...
    Te amo mamá (:
    Estoy desvelada.

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  3. Gracias Gaucho! Siempre me encanta verte por acá!
    Besos

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  4. Si...Sé lo que pensás...y te lo agradezco...
    Yo también te amo!
    Besotes!

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  5. Hola leny pásate por mi blog a recoger algo que mereces

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  6. Gracias José!!!
    Ya pasé y me encanta!!!
    Prontito lo posteo.
    Besote!

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  7. ¡Suspenso concentrado! Me gustó :-)

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  8. Gracias Luis! Y BIENVENIDO!!!
    Espero verte seguido por aquí...
    Un beso!

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  9. Hola, muy interesante el post, felicitaciones desde Colombia!

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  10. Buen articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

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Y muchas gracias por comentar.