Bueno...parece que volvieron las ¨entregas¨...
Pero esta historia en particular, tiene ¨otra¨ historia detrás.
No será sólo la que suceda, sino la que subyazga y les aseguro que nada
pero nada es casual en ella...
Habrá quienes la lean tal como se vea y tendrá sentido...
Y habrá quienes, tal vez, en alguna que otra oportunidad sientan un aleteo de complicidad...
Y también...¿por qué no?...quizás sea una extraña forma de homenaje...
En fin!...
Sea como sea...Espero que la disfruten...
Y, desde ya, muchísimas gracias...
LENY
I
Apenas bajé del avión en Ezeiza me
costó respirar aquel aire que durante tantos años me había resultado familiar.
Había algo desconocido y ajeno en él. Algo perverso.
Y estaba convencida de que el motivo
de mi viaje era sólo una parte de esa sensación.
Veinticuatro horas atrás una llamada
telefónica, desagradable y absurda, me había abofeteado el alma obligándome a
regresar.
María había muerto. Se había suicidado.
Una revelación simple e irreversible. Dolorosamente definitiva.
Subí a un taxi y le di al chofer la
dirección del lugar. El último tramo de mi regreso. Así, sin escalas.
El recorrido sería largo y la caótica
autopista me dio el espacio y el tiempo para volver, una vez más, al comienzo
de todo…
" — ¿Están seguras? — Me preguntó Marisa en clase de contabilidad.
— Seguras no…pero yo le creo… ¡Nos tenemos que juntar ya!— Le contesté.
Una seña había bastado para que todas
nos pusiéramos de acuerdo y, de a una por vez, pidiéramos permiso para salir. No costaba demasiado conseguirlo.
Parecía ser que a aquella mujer, rubicunda y tontona que oficiaba de profesora, le costaba poner los límites y
cualquier excusa banal nos resultaba suficiente para salir de sus clases sin esfuerzos.
El lugar de reunión era siempre el
mismo. Un espacio acogedor y oculto entre los arbustos de uno de los parques
del colegio. Justo detrás de la cancha de tenis.
Lo habíamos descubierto hacía algún
tiempo en las horas de educación física y desde entonces se había convertido en
nuestro sector privado.
Los motivos para juntarnos siempre
habían sido variados. Pero en aquel último año de la escuela secundaria una
única razón parecía llevarnos una y otra vez a los encuentros. Y ésta no sería
la excepción.
— Está
mina es muy tarada realmente…— Dijo Haydeé apenas nos sentamos sobre el pasto sacando
un paquete de bizcochitos del enorme bolsillo de su campera.
— Faltaría
un mate… —Agregó Isabel risueña.
Y era verdad.
Como lo era el hecho de ser catorce
las que estuviéramos allí, sentadas en ronda, mientras que en el salón de clase
el resto de nuestras compañeras bostezaban las tediosas lecciones de contabilidad. Nadie podía entender que fuera posible. Pero
lo era.
La que abrió fuego con el verdadero
motivo de nuestra reunión fue María.
— Me
lo dijo Flavia, la de 2º. Ella estuvo yendo a unos encuentros que coordinaron para
las que se quisieran anotar…
— Pero
es una nena… — Terció Claudia. — No nos podemos dejar llevar por lo que dice
ella…
— ¿Y
por qué no?...— Preguntó Sandra molesta. — A mí siempre me parecieron horribles
y yo no me olvido lo que hacían en la primaria… ¿Se acuerdan cuando en tercer
grado una de ellas me ató con el moño del delantal a la sillita?... — Nos
desafió a las que podíamos corroborarlo.
Las que no habían compartido aquellos
tiempos se rieron.
Nuestro grupo, ecléctico y
heterogéneo, no guardaba exactamente los mismos recuerdos. Pero, más allá de
eso, lo cierto de aquel momento era que estábamos compartiendo un presente que
nos uniría extraña y poderosamente.
— No
importa si le creemos o no. Lo que hay que hacer es comprobarlo para sacarnos
la duda… — Intervino Elena viéndose venir la discusión.
Y consiguió impedirla. Solía hablar poco, pero tenía la rara
virtud de introducir el bocadillo que se necesitaba en el momento en que se necesitaba.
— A
mí me parece al pedo…que quieren que les diga… — Dijo Adriana desde su
inocencia. — Nos vamos a meter en un despelote…
— ¿Vos
qué pensás Lau? — Preguntó Alejandra que hasta el momento no había abierto la
boca.
— No
sé… ¿Quién se va a anotar en los encuentros?... — Preguntó reflexiva.
— ¡Yo
me animo! — Interrumpió María.
— No
te conviene…a vos te tienen demasiado junada…— Intentó convencerla Patricia.
Adoraba a su mejor amiga y realmente no deseaba verla involucrada en otro lío.
— ¡Entonces
lo hago yo!
Silvia era la actriz del grupo. El papel
le sentaría a la perfección, y tal vez podría averiguar algo más. Buscaría
comprobar alguna pista que nos asegurara la veracidad de aquellos chismes.
Y convinimos que era una buena idea. Sería
nuestros ojos.
— ¡Cagamos!...—
Exclamó Cristina. — La artista entra en acción…Igual vamos a tener que decodificar
un poco lo que vea ésta, ¿no?...
— ¡Ésta
tiene nombre, che!
— Bueno
Silvita…No te enojes… — La conformó cariñosa.
Las carcajadas sonaron
maravillosamente claras. Tan claras como la mañana de sol que nos envolvía
durante aquel momento mágico.
Cuando el timbre que anunciaba que la
hora de contabilidad terminaba sonó a lo lejos, nos levantamos sacudiéndonos
las miguitas que nos había dejado nuestro pequeño picnic.
— ¿Te
acordás todo lo de historia? — Me preguntó Marisa cuando subíamos las
escaleras.
Isabel ya se había reunido con nosotras saltando los escalones de
dos en dos.
— Si…
¡Y vos también te acordás! — Le contesté abrazándolas a las dos.
— ¡Espero!...
— Suspiró.
Y volvimos a reírnos..."
La vida era bella entonces.
Espontánea, genuina.
Lo demás vendría después…













Que bien escrtio!!
ResponderEliminarMuy buen relato. Buenas descripciones.
Làstima, que despuès, te alcanza la vida.
Un abrazo.
Gracias Gauchito!...Y sí...y cómo nos alcanza a veces!!!
ResponderEliminarBesitos y espero que te siga gustando!!
SIMPLEMENTE SENSACIONAL PROFUNDO EXCELENTE, ME HIZO LAGRIMEAR VI ELREFLEJO DE NUESTRA UNION....Y REALMENTE QUE LA VIDA NOS SIGA ALCANZANDO AMIGA..BESOTE......SILVIA GULI
ResponderEliminarGracias.
ResponderEliminarSilvita...qué más puedo decirte además de gracias?...Tuviste una idea excelente y lo mejor es que le ponés una energía y una garra impresionante!!
ResponderEliminarTe quiero un montón! Besotes!
Por nada Orlando!...Usted se lo merece...
ResponderEliminarBesotes inmensos!
Me encantó!!!. En algunas partes me vi reflejada, sólo que a mí me ataron el cinturón del guardapolvo al banco en la secundaria mientras transcurría la clase de francés.
ResponderEliminarDespués de tanto tiempo me sigo viendo con varias de mis ex compas del cole.
Gracias por evocar esa época y traerme tan lindos recuerdos.
besos
Gracias a vos Su!
ResponderEliminarUn beso inmenso!