Abrí los ojos con el hambre
taladrándome las tripas como nunca antes.
Un apetito voraz…
Pero permanecí tendida
con la sensación de que mis músculos no responderían a ninguna orden de mi cerebro. Aunque sólo se tratara de una sensación porque, en verdad,
parecía no tener certezas de nada.
Me costó darme cuenta
dónde estaba; ni siquiera el momento del día.
No había luces que me dieran indicios y ningún sonido se filtró para ayudarme.
Permanecí en esa especie de letargo hasta que el deseo me perforó el
estómago con una necesidad urgente y primitiva. Y traté de incorporarme.
Tardé en
ponerme en pie y no entendí porqué. Tal vez estaba demasiado débil.
Esa
avidez desesperada, aunque no lo recordara, parecía demostrar que no me había
alimentado desde hacía tiempo y, seguramente, ésa era la razón de la extrema torpeza de mis movimientos.
¿Torpeza?...Si…Quizás sea menos patético llamarla así…
Me paré con estúpidos
esfuerzos y un hedor inesperado me conmovió. Pero no existió reacción, a pesar de la repugnancia
que sentí.
Comencé a deambular hacia ningún lado en particular, sólo guiada por una intensa compulsión
y envuelta en pestilencias.
Aún no consigo acostumbrarme… Tampoco creo que, algún día, lo consiga…
Recorrí unos cuantos
metros sin verdadera conciencia de cómo y cuánto me movía.
Dubitativa,
inestable. Arrastrándome, en un andar infame, hasta un lugar abierto y
desolado. Antinatural.
La luz me dio de lleno
en los ojos y quise cubrirlos con mi brazo. No lo logré. Nada que no fuera
moverme fascinada por mi necesidad parecía responder a mi voluntad, aunque percibiera unos lejanos deseos
de llorar.
¿Cuánto hace que no lloro?... ¿Cuánto, que no siento el sabor de mis
propias lágrimas?...
Tambaleé unos pasos
hacia la nada y un aroma desconocido se coló entre la peste que me rodeaba. Una fragancia apetitosa que me subyugó como el preludio de
lo que deseaba con desesperación.
Así, cuando aquel
pobre infeliz apareció frente a mí deteniendo su enloquecida carrera, no necesité
más. Ni siquiera reparé en el terror que desfiguraba
ese rostro desencajado y doliente.
Y jamás volví a hacerlo…Aunque olfateara el miedo con una intensidad
aguda y desconsolada…
No hubo tiempo de más.
Porque su agonía fue mi
delicia.
Y la de todos los que aparecieron desde la oscuridad para compartir mi abominable banquete…
Ya no hay hambre…No sé por cuanto más…Pero tampoco parece importarme…













Bien descripto. Un vampiro con algun tipo de conciencia.
ResponderEliminarDa escalosfrìos.
Buen relato.
Un abrazo.
Madre mía! Me dejaste sin aliento. Qué escrito magnífico!
ResponderEliminarUn beso con abrazo.
¡Gracias Gauchito!!!!!...cómo siempre un placer!
ResponderEliminar(Un vampiro?...Bueno...¿por qué no?...;) )
Besotes!
¡Gracias Steki!!! Tus palabras son un gran aliento para mí...
ResponderEliminarBesotes bien grandes!
¡¡Guau, me ha encantado!! Gran descripcion del hambre, el ansia y la debilidad que provoca, contra la que poco se puede hacer... a no ser dejarse llevar con tragicas consecuencias como en este caso.
ResponderEliminarHola Nereaaaa!!! Tanto tiempo!!!
ResponderEliminarMe alegra que hayas regresado por aquí y que te haya gustado!
Y sí...el hambre, verdad?...Cuánto duele el hambre...
Besos!
Tengo un regalito para vos en mi blog.
ResponderEliminarSi gustas puedes retirarlo. besos
¡Menos mal que lo he leído a las 7 de la tarde y no antes de acostarme!
ResponderEliminarNo creas que está muy lejos de realidad: imagina una situación en que la central nuclear de Japón, u otra, estalla y causa una inmensa devastación cientos de kms alrededor; los habitantes, advertidos, se refugian en túneles o en el Metro, donde algunos mueren y sus cuerpos se pudren, emanando metano y malos olores; los supervivientes, hambrientos, no soportan el dolor del vacío de sus estómagos y se ven obligados a salir en busca de algo para llenarlos. No hay nada fuera, todo está arrasado. ¡Pobre de aquél que se encuentren en su loco deambular!
Mira, Leny, voy a tener que tomar tila o valium antes de leer algún relato tuyo:éste es una jartá de terrorífico, ¡.oño!
Un beso enorme, guapa. Gracias por compartirlo
Gracias Juan!
ResponderEliminarEs muy interesante el paralelismo que marcas en este cuento... Me has dejado pensando seriamente...
He estado con algunos problemas de conexión (entre otros tantos)...No creas que me he olvidado de ti , eh?...
Te quiero mucho amigo!!! Besos!