Cuento con ellos

18.5.11

Y APARECISTE TU...



...¿Adónde estabas?...



Alelí  se bajó del colectivo dos paradas antes aquella tarde. Quería caminar.
Ya en la vereda, metió la mano en su mochila para sacar un chupetín de bolita. Rebuscó el de frutilla y lo encontró en el fondo. Mientras sacaba el envoltorio con actitud compenetrada, dobló en la esquina. Finalmente se lo metió en la boca, calzándolo diestra en la comisura derecha. Su cachete se infló puntiagudo y rozagante.
A Alelí le gustaban las calles de su nuevo barrio. Arboladas y frescas. Y aunque al principio le costó encontrar un departamento que se ajustara a su presupuesto, después de algunas decepciones, lo había conseguido.  Pequeño, luminoso y en un tercer piso por escalera que, para su eterno optimismo, le servía de ejercicio extra. 
Igual era acogedor, y eso para ella era más que suficiente.

Aquella tarde caminaba sin apuro y dejándose envolver por los aromas cotidianos que empezaba a reconocer como propios. Pero a unos cincuenta metros del puentecito del Sarmiento, la figura de un hombre apostado sobre el barandal le llamó la atención.
Empezaba a anochecer y aunque no le asustara recorrer aquellas cuadras solitarias, una inquietud le hormigueó en el cuerpo. Pensó en cruzar para pasar el puente por la vereda opuesta, pero sería una tontería… “Los criminales no desisten de la idea porque te cambies de calle”…
El hombre, subyugado por alguna imagen en la lejanía, parecía no reparar en nada. Los antebrazos, apoyados sobre el paredón de piedra, le elevaban los hombros y sostenían el peso de una espalda curva. Y uno de sus pies, en punta y cruzado tras el otro, favorecía la postura indolente.
Pero, de pronto, sonó la bocina del tren avisando su paso y un movimiento imperceptible alertó a la muchacha. Un tenue temblor. Una contracción muscular que él le imprimió a su cuerpo, atravesándolo con urgencia.
Y Alelí actuó sin pensar. Sólo a unos cuantos pasos saludó estridente.

        ¡Hey!... ¿Cómo anda?...

El hombre se petrificó con una mirada sobresaltada.

         ¿Qué…? — Respondió sin terminar de comprender.
         Digo, qué cómo anda… — Volvió a saludar la muchacha sin inmutarse.
         Bbi...en... pero… ¿La conozco?...
         Sí, claro. — Insistió ella, — ¿Usted no es Simón?... ¿El dueño del lavadero de ropa?...
         No, no… Me confunde…
         ¡Ah! Es re parecido… No importa. Igual es del barrio, ¿no? Porque su cara me es familiar.
         Si… No…bah, más o menos. No vivo lejos… Pero yo no la conozco a usted…

Alelí ya se había ubicado sobre la baranda sintiendo la vibración y codo con codo con aquel hombre que luchaba contra la interrupción.

       ¡Qué raro! — Continuó la joven. — ¡Hubiera jurado que lo conocía!... ¿Está seguro de que no nos vimos nunca antes?...
         Absolutamente…
         Hmm… OK… Si usted lo dice… — Y se acomodó mirando hacia el frente tal como lo había visto a él unos minutos atrás.

El hombre la observó desconfiado. Sin importarle las respuestas, la muchacha jugueteaba con un chupetín entre los labios tranquilamente a su costado.

         Perdón señorita…

Lo miró con ojos francos e interrogantes, y él experimentó un inesperado bienestar.

         ¿Sí?... — Preguntó sin titubear,
         No…nada… Sólo que si le acabo de decir que no nos conocemos, es raro que siga acá…
         ¿Por? — Insistió ella.
    ¿Cómo por?... Yo entiendo que hubo una confusión, pero ya está aclarado… ¿Qué hace parada al lado de un desconocido?...
         ¿Conocerlo, tal vez?… Ahora…si lo  molesto...

La brutal sinceridad lo conmovió dejándolo sin respuesta.

         ¿Lo molesto?… — Repitió.
         No… — Contestó él recuperándose. — Molestar lo que se dice molestar, no… pero…
         ¡Entonces me quedo! — Concluyó dedicándole una sonrisa.

El hombre sintió que, extrañamente,  la incomodidad se desvanecía. La joven irradiaba una energía cálida y placentera. No resultaba agresiva. Tal vez un poco estrafalaria pero tampoco parecía una cualquiera en busca de algo más. Igual,  aunque lo fuera, a mal puerto había ido por leña. En unos minutos se cansaría y lo dejaría en paz. Pero mientras tanto y por si no ocurría, no iba a resistirse más al providencial remanso.
Volvió a su postura original relojeándole el perfil con disimulo. La chica vestía a la moda aunque sin estridencias, y una monumental mochila asomaba tras su hombro derecho. Pero por sobre todo era muy joven… “No más de dieciocho años”…

        Veintidós, para ser exactos… — Dijo ella de pronto.

Él se sobresaltó.

   ¡Epa! ¡No se asuste! ¡No soy una bruja! — Y lanzó una carcajada fresca. — Simple deducción… Es lo primero que me preguntaría yo en sus circunstancias… ¡Además lo pesqué mirándome de contrabando!...
        ¿Veintidós?... — Se asombró él. — Parecés menos… ¿Te puedo tutear, no? Casi que podría ser tu padre…
         ¡Ehhhh! ¡No exagere!
     Es verdad. — La sonrisa se le coló sin que pudiera evitarlo. —  Para padre hubiera sido precoz pero hermano mayor, si…
       ¿Cuántos años tiene?...  
       Treinta y cinco.
      ¿Vio?... ¡No es para tanto! — Le respondió con una expresión que se iluminó aún más cuando repreguntó: — ¿Te puedo tutear yo también?...
        Claro… — Y volvió a sonreir.

Permanecieron en silencio por unos minutos. Ahora ambos perdían la mirada en la lejanía.

     Éste es el único puentecito al que le falta poner el alambrado… — Comentó Alelí de pronto guardándose en el bolsillo el palito desnudo del chupetín.
         Es verdad…
   Yo lo cruzo todos los días cuando vuelvo del trabajo… Pero, vos… ¿Por qué estabas justamente acá?...

El no contestó.

       Digo… — continuó ella — En general la gente elige los enrejados. Supongo que se sentirán más seguros… ¿Viste la cantidad de personas que se fascinan con el paso del tren bajo los puentes?...
         Ajá…
         Imagino que hay algo poderoso en sentirlo la avanzar sin que pueda tocarte, ¿no?... Lo mismo que sacudirse con la construcción cuando pasa justo por debajo…
         Seguramente…

Alelí comprendió que la distancia se agazapaba otra vez. Y giró para  enfrentar  el fugaz entusiasmo que amenazaba perderse. Unos ojos jóvenes pero antiguos, la recorrieron con una velada agonía de desencanto cuando lo miró.
Y ella decidió ir por más.

         Hoy salí más temprano del trabajo, ¿sabés?... —  Tanteó cambiando de tema. —Anunciaron una huelga sorpresiva de transporte  y para evitarnos inconvenientes nos dejaron ir dos horas antes.
         ¿Sí?... No me había enterado… — Contestó él con desgano.
    Si… Y también cobré el sueldo. — Insistió pertinaz. — No es muy alto pero a mí me alcanza…
         Me parece bien… — Volvió a responder.

La muchacha se cruzó de brazos y arqueó el talle sobre el paredón buscando, otra vez, aquellos ojos tristes.

         ¡Hey!... ¿Sabés de que me doy cuenta recién ahora? — Casi gritó en un último esfuerzo.
         No… ¿de qué? — Dijo él arrugando las cejas y tapándose el oído  con el dedo.
         ¡Qué no nos presentamos! — Concluyó sin importarle el gesto del muchacho. — Con todo el lío de la confusión…

La sonrisa de Alelí era tan limpia que le volvió a ganar.

         Es verdad… — Cedió él. — Decime, entonces… ¿Cómo te llamás?...
        ¡ Alelí! — Contestó acentuando su cordialidad.
         ¿Alelí?...

Y la carcajada sonó tan genuina que la muchacha lo miró con decepción.

   ¡Disculpame! — Se apresuró a contestar, enternecido por la desolación. — No quise ser descortés, pero no me lo esperaba… ¿A quién se le ocurrió ese nombre tan... particular?

Ella arremetió desafiante.

         ¡A mi abuela!... ¡Y a mí me encanta!
     Ok. Ok. — Volvió a decir él refregándose los labios para no empeorar las cosas. — Al menos fue original la abuela…
—     Bueno…¿Y a ver?... ¿Cómo se llama el señor “meríodelaschicasindefensasconnombresoriginales”?... — Preguntó Alelí quebrando la muñeca en la cintura y ladeando la cabeza provocativa.
         Alfonso y en cuanto a lo de chica…
         ¡¿Alfonso?!... ¡Ah bueeeeenooooooo!...¡Si el muerto se asusta del degollado!…  
     ¿Perdón? — Ahora el ofuscado era él. — ¡Señorita, por si no sabe, el mío es nombre de reyes!
         Será nombre de reyes pero, ¡es bien feo!
        ¿Sí?... — Preguntó simulando desilusión.
       ¡Sí!...Bueno…En realidad no… — La treta parecía dar resultado. — Mi abuela siempre decía que los nombres no son lindos ni feos. Son las personas las que les dan la cualidad…
         Hmm… ¿Sabés qué?...Tu abuela tenía razón… Porque el tuyo es precioso… — Se rindió él.

Ella volvió a sonreir comprendiendo finalmente que  comenzaba a ganar la batalla. Con renovada tranquilidad se acomodó la mochila y lo miró cómplice
          
          —      ¡Tengo ganas de festejar que cobré y me dejaron salir temprano!... — Exclamó en un impulso. — Conozco una pizzería buenísima. Acá a dos cuadras nomás… Me agarró hambre… ¿Me acompañarías?...

El observó aquella sonrisa con el corazón agradecido.

         ¡Claro que sí!, pero… ¿Antes me contestarías una pregunta?
         Dale…
         Decime… — Susurró él. — ¿Realmente me confundiste con el dueño del lavadero?...

Alelí  bajó la mirada y, con las manos en los bolsillos de la camperita, refregó las zapatillas sobre la baldosas.

     Si me prometés que nunca más te vas a parar acá a pensar estupideces te lo contesto… — Murmuró avergonzada.

El muchacho le sujetó la barbilla y alzándole la cabeza le sonrió por tercera vez desde el encuentro.

      ¿Estás segura de que no sos bruja vos?... — Preguntó.
       Tal vez… — Y le guinó un ojo.

Cuando el puentecito se estremeció con el paso de un nuevo tren, ellos ya habían doblado en la esquina.






11 comentarios:

  1. Está lindo... pero me parece que para ser una chica de 22 años es demasiado efusiva. Tiene continuación?

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  2. Si ser efusivo significa poder manifestar los afectos y las alegrías vivamente, creo que nunca es "demasiado" y que cualquier edad(gracias a Dios!) es adecuada...
    Igual yo prefiero verla genuina e intuitivamente generosa...

    Y no... No hay continuación...

    Gracias por pasar por acá y dejar tu comentario!
    Saludos!

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  3. Que bien llevado.

    Me gustaron los diàlogos.

    Un abrazo.

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  4. Hola Gauchito, tanto tiempo!!!
    Cómo siempre, un placer recibirte...
    Me gusta que te guste ;)
    Besos!

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  5. Muy bueno, Leny, me encantó.
    Abrazo.

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  6. Gracias Juanma!
    Un placer y un honor que hayas pasado por aquí... Y mucho más que te haya gustado...
    Beso grande!

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  7. Hola, Leny: he vuelto a leer este precioso relato y a dejarte un beso.

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  8. Gracais Juan... Sos un amor! =)

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  9. encantador relato y muy encantadora alelí. deberian existir mujeres como ellas. saludos.
    p.d: te invito a visitar mi blog

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  10. Bello relato:
    los personajes frescos
    y la historia interesante.

    un gusto leerte Mario

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  11. La vida es un misterio y un desconocido puede salvarte de algo malo, por ello pienso que la bondad forma parte de la naturaleza human, otra cosa es que decidamos dejarnos llevar por ella o no.
    Me encantó el relato, y el blog en general, enhorabuena.
    Un abrazo

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Y muchas gracias por comentar.